viernes, 25 de septiembre de 2015

BOCAS DEL TORO

2. PLAYA DE LAS ESTRELLAS

Despues de ojear por el pueblo de isla Colon y comer en "nuestra" casa, nos pusimos los bañadores y preparada la bolsa de la playa nos dirigimos otra vez al pueblo, que estando a un paseo, se hacia eterrrrrno llegar, por esa calle hasta  a la plaza central caminando.  El dolar y poco de un taxi se pagó  con gusto. Y las bicis aparcadas porque yo no sabía montar (en ese momento).
Aquí de una forma o de otra se vive del turismo y cualquiera que tenga una barquilla se ofrece para llevarte a cualquier lugar de las islas. Nosotros esperamos a uno de los "busitos" que sin horario fijo pasan y paran en la plaza.
El tiempo en el Caribe no se mide, no tiene importancia...ya llegaría el busito.
Este, es una furgoneta convertida en autobús de transporte. Preparados para trece plazas se meten dieciocho, veinte o veintidós. Cobran según destino y hasta Bocas del Drago eran tres dólares por persona.

-¡El autentico Caribe, mami! - me dice Marta

Y así, cuando llegó el busito y gritó que iba para Bocas del Drago (a 10 minutos de Playa de las Estrellas) nos montamos. Íbamos diecisiete personas. Como era sábado y fiesta local ( la fiesta del mar. Como nuestro Corpus aquí, en Graná) muchas familias iban a pasar el día a la playa.
Un señor mayor que quiso llevarnos en barca decía

-¡En el busito se va a liar un arroz con mago, mami!

Traduccion:
- En el bus se van a meter tantas personas  y van a pasar tanta calor que  va ser como  guisar un arroz con mango, señora.

En el busito fuimos nosotros, varias señoras y niños y niñas por lo que no íbamos muy apretados. En movimiento entraba bastante aire  por las ventanillas.
En veinte minutos echando leches por el interior,  este busito llegó a Bocas del Drago, una zona de costa que tiene rocas y poca playa. Tiene varios chiringuitos para comer y hasta un hotel.  Como había que acordar la hora de recogida y la mayoría de éstas personas querían regresar a las seis y nosotros a las 5, el conductor dijo que en el busito de las cinco nos metería para regresar.

-¿Seguro que nos recoge a las cinco?¿ No se olvidará de nosotros?
-si, ¡tranquilo papi! me paga y yo le bajo

Le pagamos la vuelta y fuimos caminando hasta la playa  de las estrellas. El camino es muy bonito de hacer porque  hay tantas calitas como de ocho o nueve  metros de arena blanca y  en todas quisiéramos parar. Lo que no me gustó es que había bolsas de basura y algunas latas y botellas,  plásticos... que afean éste paisaje maravilloso.
En la larga playa había bastante bocatoreños pasando el día, con bafles enchufados a generadores de electricidad emitiendo músicas latinas   y acompañados de  grades neveras llenas de cerveza  para pasar el día. Hay también un chiringuito para comer y beber.
Aquí no había ni una, pero ni una  mujer en biquini o bañador. Aquí las jóvenes y no tan jóvenes se ponen el biquini o triquini y encima un pantalón corto o  un vestidito calado para bañarse.
Pasamos a toda esta gente y nos fuimos hacia el final de ésta playa que estaba más tranquila, solo con unos cuantos extranjeros. Debajo de una sombrilla de paja hincada en la arena dejamos nuestras cosas y nos metimos en el agua caliente, turquesa y cristalina  junto a las gigantescas estrellas de mar y a los peces. Una belleza de lugar.
A las cuatro y media ya estábamos a de vuelta en Bocas del Drago, un poco desconfiados de que el tipo del busito nos dejara allí. En las rocas frente al mar y con una pipa de coco riquísima esperamos hasta las cinco
Y efectivamente el tipo cumplió. Nos metió en el busito, a nosotros y a ¡veinte más! Los niños y niñas se apilaron unos encima de otros y así bajamos hasta el pueblito de Colon.  A la misma velocidad que vino, volvió. No frenó ni un poquito.
Tras una conversación que no entendimos  porque es muy difícil comprender la lengua del bocatoreño ya que mezcla ingles americano, español y luego lo reinventa. Pero comprendimos que pasaba cuando vimos sacar a una niñita por una de las ventanillas para que vomitara. Todo a gran velocidad por una carreterita  estrecha. Pero esto debe ser normal en el Caribe
Cuando llegamos a la casita hotel ya estaba Marta allí, esperándonos en la hamaca del porchecito. Ahora tocaba ducha, paseo por la feria , cena y copa

Continuará...










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