2. PLAYA DE LAS ESTRELLAS
Despues de ojear por el pueblo
de isla Colon y comer en "nuestra" casa, nos pusimos los bañadores y preparada la
bolsa de la playa nos dirigimos otra vez al pueblo, que estando a un paseo, se
hacia eterrrrrno llegar, por esa calle hasta a la plaza central caminando. El dolar y poco de un taxi se pagó con gusto. Y las bicis aparcadas porque yo no sabía montar (en ese momento).
Aquí de una forma o de otra se
vive del turismo y cualquiera que tenga una barquilla se ofrece para llevarte a
cualquier lugar de las islas. Nosotros esperamos a uno de los
"busitos" que sin horario fijo pasan y paran en la plaza.
El tiempo en el Caribe no se mide, no tiene importancia...ya llegaría el busito.
El tiempo en el Caribe no se mide, no tiene importancia...ya llegaría el busito.
Este, es una furgoneta
convertida en autobús de transporte. Preparados para trece plazas se meten
dieciocho, veinte o veintidós. Cobran según destino y hasta Bocas del Drago
eran tres dólares por persona.
-¡El autentico Caribe, mami! - me
dice Marta
Y así, cuando llegó el busito y
gritó que iba para Bocas del Drago (a 10 minutos de Playa de las Estrellas) nos
montamos. Íbamos diecisiete personas. Como era sábado y fiesta local ( la
fiesta del mar. Como nuestro Corpus aquí, en Graná) muchas familias iban a pasar el día a
la playa.
Un señor mayor que quiso
llevarnos en barca decía
-¡En el busito se va a liar un
arroz con mago, mami!
Traduccion:
- En el bus se van a meter tantas
personas y van a pasar tanta calor que va ser como guisar un arroz con mango, señora.
En el busito fuimos nosotros,
varias señoras y niños y niñas por lo que no íbamos muy apretados. En
movimiento entraba bastante aire por las
ventanillas.
En veinte minutos echando leches
por el interior, este busito llegó a
Bocas del Drago, una zona de costa que tiene rocas y poca playa. Tiene varios
chiringuitos para comer y hasta un hotel.
Como había que acordar la hora de recogida y la mayoría de éstas
personas querían regresar a las seis y nosotros a las 5, el conductor dijo que
en el busito de las cinco nos metería para regresar.
-¿Seguro que nos recoge a las cinco?¿ No se olvidará de nosotros?
-si, ¡tranquilo papi! me paga y
yo le bajo
Le pagamos la vuelta y fuimos
caminando hasta la playa de las
estrellas. El camino es muy bonito de hacer porque hay tantas calitas como de ocho o nueve metros de arena blanca y en todas quisiéramos parar. Lo que no me gustó
es que había bolsas de basura y algunas latas y botellas, plásticos... que afean éste paisaje
maravilloso.
En la larga playa había bastante
bocatoreños pasando el día, con bafles enchufados a generadores de electricidad
emitiendo músicas latinas y acompañados de grades neveras llenas de cerveza para pasar el día. Hay también un chiringuito
para comer y beber.
Aquí no había ni una, pero ni
una mujer en biquini o bañador. Aquí las
jóvenes y no tan jóvenes se ponen el biquini o triquini y encima un pantalón
corto o un vestidito calado para
bañarse.
Pasamos a toda esta gente y nos
fuimos hacia el final de ésta playa que estaba más tranquila, solo con unos
cuantos extranjeros. Debajo de una sombrilla de paja hincada en la arena
dejamos nuestras cosas y nos metimos en el agua caliente, turquesa y
cristalina junto a las gigantescas estrellas
de mar y a los peces. Una belleza de lugar.
A las cuatro y media ya estábamos
a de vuelta en Bocas del Drago, un poco desconfiados de que el tipo del busito nos
dejara allí. En las rocas frente al mar y con una pipa de coco riquísima
esperamos hasta las cinco
Y efectivamente el tipo cumplió.
Nos metió en el busito, a nosotros y a ¡veinte más! Los niños y niñas se
apilaron unos encima de otros y así bajamos hasta el pueblito de Colon. A la misma velocidad que vino, volvió. No
frenó ni un poquito.
Tras una conversación que no entendimos porque es muy difícil comprender la lengua del bocatoreño ya que mezcla ingles americano, español y luego lo reinventa. Pero comprendimos que pasaba cuando vimos sacar a una niñita por una de las ventanillas para que vomitara. Todo a gran velocidad por una carreterita estrecha. Pero esto debe ser normal en el Caribe
Tras una conversación que no entendimos porque es muy difícil comprender la lengua del bocatoreño ya que mezcla ingles americano, español y luego lo reinventa. Pero comprendimos que pasaba cuando vimos sacar a una niñita por una de las ventanillas para que vomitara. Todo a gran velocidad por una carreterita estrecha. Pero esto debe ser normal en el Caribe
Cuando llegamos a la casita hotel
ya estaba Marta allí, esperándonos en la hamaca del porchecito. Ahora tocaba
ducha, paseo por la feria , cena y copa
Continuará...



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