lunes, 24 de junio de 2013

 
EL REGRESO
 
La señora Catalina no habla inglés, y eso que  a Santa Catalina va mucho americano.  Cuando llega alguien  de habla hispana, debe de aprovechar porque cuando nos preparó el desayuno, ella se hizo una taza y se sentó en la barra de su cocina a charlar con nosotros. Parece que tenía ganas.
Amaneciendo cayó una buena tormenta  y en el comedor, al exterior en la zona más alta de este hotel de casitas, hacía algo de fresquito. Desde aquí veíamos el mar al frente y a lo lejos. ¡Unmmm! No hay nada mejor que un café con leche, muy calentito, tostadas o yogurt con granola (cereales) o tortilla…y una buena charla.
Me gustó oírla porque vocalizaba muy bien  y me enteraba de todo lo que decía, por lo que  era facil dialogar con ella. Y es que normalmente me cuesta entender lo que la gente dice, aquí.
La señora Catalina nos cuenta que éste  país ha cambiado mucho en diez años, que los gobiernos son corruptos,  que si el blanqueo de dinero, que si la especulación… van a llevar al país en el futuro a una  ruina (¿de qué me suena esto?) porque todo lo que se está haciendo  de tanta construcción, el metro, etc, etc.. habrá que pagarlo; que la gente no sabe lo que vota… Que la policía es muy corrupta y sobre todo con los extranjeros, y nos cuenta historias de polis y extranjeros que le han contado los que llegan, como nosotros a Santa Catalina. Hablamos del clima tan bochornoso de Panamá,  difícil de soportar… en fin, un buen café con tertulia.
Después de pagar y abandonar nuestra casita, bajamos a la tasca del señor Roberto a que nos echara la gasolina y por el camino vimos a Robocop en una de las barras de un bar, con la misma camiseta celeste y pantalones de cuadros del día anterior. Deducimos que seguía celebrando el día del padre.
Teníamos gasolina y un par de horas de carretera con curvas por delante. Íbamos a Santa Fé, un pueblito que es conocido por sus orquídeas, por sus rutas de senderismo y sus cascadas.
Volvíamos despacio y parando, como a la ida y a cada instante, porque  las gallinas (casi suicidas) decidían cruzar cuando veían un coche.
En una de las aldeas por las que pasamos (¡mierda! tenía que haber apuntado el nombre) la carretera estaba cortada por los niños y niñas, con sus madres, de la escuela. La administración les debe la comida del medio día  que se da al alumnado desde hace ya cuatro años
Con varias pancartas pidiendo el dinero, pretendían que alguna autoridad llegara a la aldea y pudieran  negociar el pago que se les debía.
Hacía un calor, pero un calor…insoportable, casi mareante, y esos niños y niñas uniformados y con sus madres estaban sentados en medio de la carretera cantando cancioncillas pidiendo justicia.
Todas las personas de los coches, camionetas y metro-buses que circulaban, paramos los motores y nos bajamos a esperar colocándonos debajo de los arboles. El conductor del metro-bus fue devolviendo el dinero a los pasajeros que así lo querían y éstos podían irse caminando hasta la aldea más cercana y allí coger otro metro-bus.
No hacía ni diez minutos que había bajado del coche y yo ya estábamos con la ropa pegada al cuerpo de sudor por éste clima tan bochornoso. No entiendo cómo, los manifestantes podían estar sentados en la carretera.  A los niños y niñas les daban una bolsita con hielo aliñado con  algún sabor, que ellos mordían para romper y chupar el caldillo fresquito. Pero aún así me parecía insoportable.
Marta decía que aquí no iba a venir nadie a negociar y empezamos a agobiarnos un poco. Efectivamente, cuando después de tres cuartos de hora llegaron las fuerzas especiales armados hasta los dientes para disolver semejante manifestación y abrir la carretera, no esperamos a comprobar como se resolvía el tema y  salimos disparados a Santa Fé.
¡¡Que camino más pesado hasta Santa Fé!! Con el mapa que nos dieron  comprobamos que es un lugar para llegar temprano, por la mañana a hacer senderismo y volver. Eran más o menos las dos, (aquí como media tarde) y ya no íbamos a hacer ninguna ruta, así que cansados y algo defraudados por no poder ver las cataratas y disfrutar de la selva decidimos que lo más sensato era comer e irnos.
Comimos en la minúscula estación de metro-bus el menú obrero que consiste en  pollo frito o guisado o carne de puerco o res guisada, con arroz cocido y poroto (judías pintas cocinadas). Marta se metió entre pecho y espalda todo ese plato tan consistente. Si nos dan pan ¡hasta rebaña el plato! Pepe no lo terminó del todo y yo, con el pollo y un poco de arroz ya estaba más que harta.
Nos refrescamos en el rio y nos fuimos a Santiago, al Gran David. Nos esperaba la comodidad de un hotel (a lo occidental) y una piscina.
Después de ducharnos y pasar un rato en la piscina, Pepe me dijo con un suspiro
-La selva está muy bien pero como  la civilización…
 
Continuará…
 
 



 
 
 
 
 
 


sábado, 22 de junio de 2013

 
ROBOCOP, CAPITAN DEL NAVIO
 
Los dueños de éste hotel de casitas son el señor Luis Da Silva y la señora Catalina.
El señor Luis nos dijo, la tarde que regresamos de Coiba, que frente al Coiba Dave Center hay una tasca propiedad del señor Roberto que siempre tiene gasolina, así que cuando bajamos a cenar al chiringuito frente al mar, entramos en su garito playero y le preguntamos. El señor Roberto era una gran albóndiga que, todo sudoroso,  salió de su  cocina en la que preparaba langosta para unas chicas extranjeras que estaban en una de las dos mesas que ocupaban la terraza de su tasca. Efectivamente este chorreante hombretón nos afirmo que tenía gasolina, que su tasca estaba abierta desde las siete de la mañana y que nos vendería tres o cuatro galones (un galón son cuatro litros), lo que necesitáramos.  Ahhhh!!! Como si hubiéramos visto a Dios!!!
Nos fuimos más contentos que tó!!
Entrando en el chiringo en el que íbamos a cenar vimos al dueño y capitán de la embarcación  (lancha a motor) que nos llevó a Coiba. ¡Tenía una tajá… como un piano! Le saludamos con un “buenas noches” mientras nos dirigíamos a sentarnos en una mesa. Éste, desinhibido por el alcohol, le parecería que teníamos una amistad de toda la vida porque nos saludo con un fuerte “buenas noches” abriéndonos los brazos invitándonos a un gran abrazo familiar. Se acercó a la mesa en la que nos habíamos sentado y allí  nos contó que estaba celebrando el día del padre (efectivamente el domingo   era el día del padre en Panamá), que tenía tres hijos y que a la mujer le había “dado puerta” (más bien sería al revés).
Nos preguntó que como lo habíamos pasado en la excursión a Coiba, que si teníamos alguna queja, que a él le gusta que la gente quede contenta. Todo esto lo contaba tambaleándose un poco de derecha a izquierda. Se ofreció a que si volvíamos le llamáramos a él directamente porque haría un precio especial. Marta se interesó por ésto  y él le digo que si volvía con un grupo de diez personas,  él, prepararía la excursión a Coiba y a ella le saldría gratis. Marta, sabiendo que al día siguiente ya habría olvidado esta conversación le preguntó varias veces:
-Pero… de verdad? A ver si vengo y ya usted, no se acuerda ni de mí ni de lo que me está diciendo.
Y él, erre que erre, que si; que prepare un grupo de diez personas y que a ella le saldría gratis.   Que apuntara su teléfono y que le llamara.
Marta cogió en móvil y abrió la agenda para añadir un nuevo contacto y le preguntó
-¿Cómo se llama?
Y el tipo, tambaleándose dijo un rotundo:
-Robocop!
- y mi teléfono es el……
Nos pareció tan cachondo que se presentara con ese nombre tan peliculero que le hicimos alguna broma al respecto y ya, él, nos dijo su nombre y apellido verdaderos pero  que todos le conocen como Robocop.
Robocop que ya se veía con un trato hecho nos dió varias veces la mano a modo de despedida, pero no se iba. Él, seguía con la cantinela de que si venía con un grupo…y bla y bla… y bla… hasta un abrazó no dió!
Por fin se terminó de despedir y  pudimos ordenar la cena. Langosta, ensalada y arroz
Si pepe no se come una langosta, aquí, le da un  patatús.
 
Continuará…
 



viernes, 21 de junio de 2013

 
COIBA
Una de las joyas de Panamá es el Parque Nacional Coiba que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1980.
Es un conjunto de treinta y nueve islas que se conservan en su estado natural y entre las que destaca  Coiba por  su tamaño  entre otras cosas.  Más del 80% de la isla  está cubierta por vegetación original, y en  sus playas llegan a desovar al menos 3 especies de tortugas marinas. Tiene los arrecifes coralinos mejor conservados del pacífico panameño y un incuestionable valor paisajístico.
Las ballenas jorobadas vienen por ésta zona desde junio para dar a luz y se quedan hasta noviembre con sus crías por aquí.
 
El domingo por la mañana teníamos que estar a las ocho  en el Coiba Dive Cennter. Habíamos contratado una excursión a Coiba con dos horas de snorkel (gafas y tubo de respiración) una por la mañana y otra después del almuerzo.
Yo les decía a Pepe y a Marta que me quedaría en el barco todo el rato, que no iba a ser capaz de estar tanto rato en el agua con el tubo, que me iba a ahogar, que seguro que yo no veía ni un pez…
Partimos en una lancha dos guías, kevin para unos chicos americanos que ya estaban en Coiba y que recogeríamos para hacer buceo con oxigeno y Pedro nuestro guía para hacer snorkel. También el dueño y capitán del navío.
El trayecto hasta Coiba desde Santa Catalina era de más o menos una hora. El paisaje era   maravilloso y el mar estaba tranquilo. Se nos salían lo cuellos intentando avistar a alguna ballena (como si no fuesen lo suficientemente grandes como para no verlas) pero solo vimos peces voladores (saltan del agua, usan las aletas como alas, volando un poquito y vuelven al mar) y un pájaro que estaba posado en un troco a la deriva.
Bueno, al llegar a Coiba recogimos a los americanos y fuimos a isla Granito de oro para hacer allí en sus alrededores,  las inmersiones. Nosotros con Pedro y los americanos con Kevin. En la lancha nos pusimos nuestros equipos de gafas, tubo y aletas y nos tiramos al mar.
 No podía yo imaginar cuando me tumbé en el agua, la maravillosisisisisisisisisisima vida que hay bajo el mar y  el fondo de rocas y  corales tan preciosisisisisisisisisisimo.  Miles de peces de colores, amarillos, naranjas, azules, plateados, rayados, con lunares… grandes y pequeños; bancos de jureles enormes, tortugas de nuestro tamaño casi, grupos de peces que cambian de dirección en un instante…y aquí estaba yo, siendo parte de esta maravilla como un pez mas.
Soy incapaz de seguir a Pedro como lo hacen Marta o Pepe. Me despisto mirando aquí y allá, maravillada. No veo sus piernas nadando y cuando saco la cabeza les veo al otro extremo de donde yo estoy. Voy hasta ellos e intento seguirles pero al rato ya estoy, otra vez, en otro extremo de donde ellos están. No me importa!!
Después de una hora (me parece un instante), nadamos hasta la arena rubia de la isla desierta, si no es por unas caracolillos pequeñitos que se iban caminando hacia el mar. Pedro nos dijo que ayer estaba  aquí la ballena.
Volvimos a Coiba a almorzar, descansar un poco y visitar a Tito, el cocodrilo americano que vive en un lago de agua salada aunque recibe también agua dulce de un rio que nace en la isla. También podíamos hacer alguna ruta de senderismo corta.
Yo sí que me encuentro en Shock después de ésta extraordinaria experiencia.
Ya en Coiba y después de visitar a Tito que vive como un marques en su lago y que nos enseño todo lo largo de su corpachón nos tumbamos un rato al sol esperando la nueva inmersión.
Después de un rato volvimos a la lancha y nuestro capitán de navío nos llevó a un isla pequeña que es más una gran roca.
Los americanos con su guía y nosotros con el nuestro  volvímos al maravilloso mar. Esta vez es más peligroso porque hay corrientes que nos impiden avanzar por donde queremos. Evidentemente me perdía de Pedro pero no me importaba mientras yo veía a la lancha esperándonos.
Pepe también se despistó aquí  y cansado de nadar contra corriente vio a un tiburón (tiburón de punta blanca) que hizo que se agobiara de tal forma que pidió al barco que le recogiera.
A mí me pasó algo parecido pero sin tiburón, (gracias a Dios porque si lo veo me da un infarto) porque las corrientes me impedían avanzar y me agobié un poco, cansada. Logré llegar al barco y subí a descansar.
Pedro  sabía por dónde tirar y Marta le seguía sin dificultad. Vieron dos tiburones pero no ofrecían peligro, ya habían comido… según Pedro.
Desde aquí ya navegamos a la Playa de Santa Catalina y yo me siento súper emocionada con ésta maravilla de la naturaleza. A lo largo de la tarde y noche no paré de decirles a Marta y a Pepe.
-Estoy en shock. ¡¡¡Yo he estado como un pez bajo el mar!!!!
Y Marta me contestaba:
-Mamá no has estado bajo el mar, has estado sobre el mar.
Pues yo siento que he estado bajo el mar.
 
Continuará…
 
 





 
 


Shock cultural:

Termino utilizado para describir la ansiedad y sentimientos de sorpresa, desorientación, confusión, creando dificultad en saber qué es apropiado y qué no,  cuando un individuo entra en contacto con un medio social totalmente distinto

 

Volvíamos  a estar con el nivel bajo de gasolina.  Creíamos que Santa Catalina, tan internacional, tendría entre otros servicios necesarios para la los urbanitas (como nosotros), gasolinera. No nos llegaría para llegar a Santiago.

 

Esa primera tarde en Santa Catalina y de regreso de la playa preguntamos a unas señoras que caminaban al filo de la carretera, cuál era el sitio más cercano para echar gasolina y ellas nos mandaron a un pueblito que no recuerdo como se llama y en google maps ni aparace. Le llamaré X

 

Volvimos a preguntar  por la carretera y ésta vez nos mandaron a Hiaco, que está más cerca, a la tienda de la china que suele tener.

Por algún motivo extraño que nubla la razón nos dirigíamos a Hiaco a buscar gasolina. ¿Para qué? si éste mismo camino lo tendríamos que hacer el martes de regreso, ya echaríamos el mismo martes. Pues no, como tontos fuimos gastando más gasolina. Al llegar a Hiaco, a la tienda de la china (que por cierto,  la pobre tendría una gran contractura cervical porque no giraba la cabeza al hablar, giraba todo el cuerpo) nos dijo que no le quedaba, que teníamos que ir a X. Uf! nuestra preocupación crecía. Y nosotros seguimos gastando más gasolina durante unos quince minutos más, en dirección a X

Por algún otro motivo extraño que hace que de despeje la razón y,  ésta, vuelva a resolver, los tres casi a la vez  dijimos en alto

 

-A ver, estamos haciendo un camino tonto

-¿Porque estamos yendo a X si el martes hay que volver?

-Estamos gastando gasolina y a lo mejor en este sitio, viernes por la tarde y que son más de las cinco de la tarde lo mismo lo encontramos cerrado.

 

Efectivamente a un tercer señor que preguntamos por la carretera, nos confirmó que seguro que a ésta hora ya estaba cerrada la gasolinería de X.

Nos volvimos. A ducharnos y a salir a tomar una balboa y a cenar a la orilla del mar.

 
Llevo diciéndole a Pepe desde hace unos días que está sufriendo los síntomas del shock cultural, porque está muy desorientado, confuso, con ansiedad cuando coge el coche, perturbado.

 
¿Será este poco razonar síntomas del shock cultural o será simplemente que somos algo lerdos?

 
Mejor le echamos la culpa al shock cultural.

 

 

Continuará…

 

 

jueves, 20 de junio de 2013

 
 
PROVINCIA DE VERAGUAS
 

Es sábado. Marta trabajó varios sábados que no le correspondían para,  ahora, coger  lunes y martes e irnos a la provincia de Veraguas. Vamos a la internacionalmente conocida para los surfistas por su famosa ola, la playa de Santa Catalina, hasta el lunes. Éste nos volveremos y pasaremos una noche en Santiago y el martes por la mañana nos volveremos a Panamá.
 
A las seis y media de la mañana  ya estaba abierta la peluquería “El Milagro” con varias señoras dentro esperando. Éste establecimiento está en la gasolinera en la que  Marta paró un momento porque Pepe quería comprobar si estaba bien fija la rueda de repuesto.
Mientras, yo me acerque y la chica de la peluquería me explicó que si quería hacerme un blower (alisado) debería ir entre las seis y las siete de la mañana y hacer la cola hasta que me toque. 
-Ah! Pues así lo haré. Gracias por explicarme.
 Evidentemente no voy a ir pero que curioso el horario de la pelu.
 
Tenemos cuatrocientos km por delante. Hasta Santiago es la autopista interamericana, o sea  “buena” carretera.   Desde Santiago a Santa Catalina  hay unas dos horas  y media, por una carretera comarcal no pudiendo circular a más de sesenta u ochenta km/h.
 
El paisaje son grandes extensiones de pasto para la ganadería, que nos encontramos campeando mientras los buitres  hacen círculos en el cielo esperando la muerte de alguna res.
 
¡Qué idílico nos parece este paisaje de vacas pastando en los verdes prados! (ésta zona será la  Asturias panameña) Al filo de la carretera aparecen algunas casas muy primitivas con techos de hojas, con alguna señora que va andando, algún chiquillo descalzo jugando…y con gallinas picando de un lado a otro y que nos hacen parar el coche para que puedan cruzar. ¡Qué idílico nos parece este paisaje de gallinas que cruzan la carretera picando aquí y allá!
 
Después de una hora parando cada dos por tres ¡estamos de gallinas y de perros tumbados que nos hacen pegarnos a la extremísima izquierda!... (Porque ellos no se levantan de la carretera, así les pites y pites)
¡¡ Ayyyy, hasta el mismísimo…!!!
 
Por fin llegamos a Santa Catalina y aunque es un sitio muy internacional descubrimos, con sorpresa, que es una corta  carretera con salida al mar, y con pocas casas a ambos lados de la carretera, eso sí, con sus gallinas en medio de la misma. Tiene varios “hoteles”,  una tienda, varios chiringos para comer, varios centros que ofrecen cursos de buceo, surf,  excursiones a isla Coiba donde se puede hacer snorkel o buceo.  
 
Vamos  a nuestra residencia por dos días, el hotel “sol y mar”. Está subiendo una ladera y el lugar es precioso.
Son 6 u ocho  casitas pequeñas que tienen un buen dormitorio con dos camas dobles, un baño y un recibidor  con frigorífico y televisión y un sofá cama. Tiene aire acondicionado. La terraza tiene un pequeño sofá y una hamaca. Subiendo un poco está el comedor que cuenta con wifi, y unas vistas de la playa preciosas.
 
Esa tarde la pasamos en la playa con su arena negra, sus cangrejos y su agua caliente. ¡Genial!
Por la noche fuimos a cenar a un chiringo a la orilla del mar. Por el camino oíamos un “doing, doing”. A mí me sonaba como el sonido que hace una goma cuando se la tensa y se la hace sonar... Más o menos, así. Marta nos dijo que era el croar de los sapos.
 
 
Continuará…
 




 

miércoles, 19 de junio de 2013

 
 

EL VALLE DE ANTON

 

Ciudad de Panamá es la única gran ciudad del país tal y como, en el primer mundo, se entiende una gran ciudad. Grandes avenidas, edificios más o menos altos, muchos y variados comercios y/o centros comerciales, trafico continuo, bancos, hospitales, hostales y hoteles, escuelas y universidad…El resto del país es una gran selva donde se mezclan  valles, ríos, montañas, islas y playas vírgenes.

 
Hoy vamos al Valle de Antón un pueblito que está en el cráter de un volcán extinto por lo que el lugar cuenta con aguas termales  y tierra fértil para flores y vegetales.

 
Salimos temprano y Marta nos dijo que parasemos en la carretera en un chiringo llamado “Quesos Chela” y que probáramos las empanadas y la chicha. Así lo hicimos y compramos tres empanadas, de queso, de carne y  de pollo (son pequeñas) y un vaso de chicha de granadilla (entre todos los sabores éste me recordó a nuestra graná) que es leche batida con fruta. ¡¡Ummmmmm, deliciosas las empanadas y deliciosa la chicha!!

Hasta el pueblo llegamos después de dos horas de camino de las que una hora y algo más era por una carretera comarcal con curvas, subidas y bajadas

 
Cuenta la leyenda que Luba era la hija menor del Cacique Urraca y que ésta se enamoró perdidamente de uno de los oficiales españoles que sometía a su pueblo y contra los que luchaba su padre. Luba despreció a Yaravi, un bravo guerrero de su tribu que la amaba y que lleno de ira se quitó la vida. La India para no traicionar a su pueblo  renunció al amor del extranjero y llorando se perdió entre la maleza del bosque hasta que murió. Las  colinas la abrazaron y decidieron perpetuar su figura esculpiéndola en una montaña que perdurará para siempre. Es la india dormida

 
En el Valle hay muchas varias las rutas que hacer  y  nos inclinamos por hacer la siguiente: subir al chorro del macho (cascada) después  veríamos piedra pintada  y subiríamos al chorro de los enamorados (cascada con posibilidad de baño) para seguir hasta la cima y ver a lo lejos la montaña desde donde se aprecia la figura de la india dormida. A la vuelta podríamos ir al zoológico o al orquidiario. Todas las rutas son de pago y por cierto nada barato: son tres con setenta y cinco $ por subir al chorro del macho, y dos más por subir al chorro de los enamorados

 
Así lo hacemos y comenzamos a caminar hasta cuando ya no podemos seguir en coche. Al aparcar una niña que no llegaba a las rodillas de Pepe, le dijo

 
-¿señor, señor  le cuido el coche?

 
¿Qué riesgos pretendía evitarle al coche esta vigilante de seis o siete años?  y otro joven le dijo

 
-¿quiere que le cuente lo que dice piedra pintada?

 
Ésta es una gran mole con glifos (dibujos grabados en la roca)

Le dimos las gracias pero nos negamos ya que por internet sabíamos que aún no se han podido descifrar los dibujos de la piedra. 

 

Viendo piedra pintada ya nos ha observado un chavea de unos diez años que se acercó a preguntarnos si queríamos saber la historia de la piedra pintada ¡Aquí salen trabajadores por cualquier rincón!

En el camino al chorro del macho, buscamos con los ojos a las casi extinguidas ranas doradas pero no, no las vimos. Lo mejor es que hace un fresquito!... y ya  en el chorro de los enamorados, nos dimos un buen baño en la estupenda piscina natural

 
 Después de hora y media en la montaña y subiendo colina arriba y sin indicaciones,  guiándonos por el camino que adivinábamos en las pisadas marcadas en la tierra, nos dio el primer aviso la tormenta  que se aproximaba. Nos dio miedo porque no sabíamos si sería muy fuerte  ¿podríamos bajar por la tierra resbalosa mezclada con las grandiosas hojas, de éstos grandes árboles?  No, no nos arriesgamos y  bajamos despacito mientras el cielo iba cantando el segundo y tercer aviso.

 
Muy cerca, ya, de piedra pintada, un señor mayor nos adelantó  (venía de arriba) y nos indicaba con su mano derecha que le siguiéramos. En la otra mano llevaba una bolsa de plástico con flores. ¿Cómo iba tan rápido, el gachón? Miraba para atrás para ver si le seguíamos y seguía haciéndonos la misma señal con su mano derecha.

Al llegar a la piedra nos quiso contar la historia de la piedra pero le dijimos que ya la sabíamos y entonces nos quiso vender las flores de su bolsa. Al negarnos a comprar ya no le quedó otro recurso que pedir y nos dijo, el pobre:

 
- ¿Me dá un dolitar?

 
 A las tres de la tarde (aquí a las seis ya es de noche), con la lluvia ya encima y separados de la ciudad por ciento veinte kilómetros  decidimos regresar. 

 
Pepe va de los nervios por la autopista interamericana. Se adelanta por la derecha, los diablos rojos y camiones van por el tercer carril a la izquierda,  un gran tráiler hace un cambio de sentido si se tercia, algunos autos van sin luces,  no se echan los intermitentes, el firme tiene bastantes hoyos… y ploffffffffffffffffffffff

 

Hemos reventado una rueda. Ay señor!!

 

¡¡¡Pepe tiene una mala leche en el cuerpo!!!

 

Cambiamos la rueda que no nos llevó más de un cuarto de hora y seguimos. Entrando por el puente de las Américas, al ipad de Marta le quedaba un 2% de batería (es nuestro GPS), no teníamos saldo en el móvil y la reserva de la gasolina dejo de marcarnos los km que nos quedaban y empezó a parpadear.

Pepe está bloqueado,  tiene tal perturbación que me dice que no sabe llegar y no ve soluciones.

 
Afortunadamente llegamos a la gasolinera y echamos gasolina, hasta arriba. Nos perdimos por algunas calles pero llegamos al trabajo de Marta tras algunas vueltas. Le dimos un toque a su móvil por lo que nos llamó y ah!…ya todo estaba resuelto.

 

 Continuará…