Eran las 8:30 de la tarde y si no fuera porque Pepe quería salir a cenar algo no me hubiera movido de la habitación del hotel. Yo me hubiera comido algo de la fruta que nos quedaba y me hubiera quedado tumbada viendo la tele hasta que me hubiese quedado dormida. Pero Pepe, a pesar de que no paraba de quejarse del dolor de pies, de las ampollas que le estaban saliendo en de uno de los dedos pequeños y en la planta, de que tenía "un clavo" en las lumbares... quería salir a devorar, que ya llevaba horas sin echarle nada al estomago.
Nos dirigimos, por la izquierda desde la puerta del hotel, hacia el barrio del Born y enseguida vimos el Mercado, que hoy es un centro cultural. Es de hierro y cristal y en el interior el suelo central es de cristal para que se observen los restos arqueológicos que se encontraron
El Paseo del Born era un hervidero de gente, de bares y terrazas. La callejuelas igual. Hay muchas tiendecitas abiertas de ropa, complementos y zapaterías. Todas muy coquetas y estilosas. En los escaparates de muchas de ellas los carteles de rebajas anuncian hasta un cuarenta por ciento menos y eran los últimos días. ¡Pues ni con el cuarenta por ciento menos, son asequibles para mi!
Yo, miraba las tiendas y Pepe buscaba un bar donde cupiésemos para tomar algo. Nada, todo lleno. dimos tantas vueltas y cruzamos tantas calles que nos metimos en el barrio gótico que también estaba
completo.
¡Jolines ! ¿Es que estaba todo el mundo en Barcelona y en la calle?
La verdad era que no sabíamos bien por donde y a donde íbamos, pero andábamos y andábamos y nos parecía que nos alejábamos más y mas.
-Pepe ya se lo que vamos a hacer. Dame el móvil que voy a buscar en el Maps, como llegar al hotel y vamos a quedarnos por los bares que están en la misma acera. Por allí no hay tanta gente. También podemos probar en la hamburguesería que vimos anoche.
- Venga, si.
Me dijo "venga, si" como diciendo "venga si, y rápido con un chasquido de dedos nos teletransportamos"
Efectivamente nos íbamos alejando, pero bueno, en un ratito estábamos viendo la estación de Francia que estaba frente a nuestro hotel.
La hamburguesería estaba a tope pero salían varias personas con sus pedidos en bolsas y otras salían desde las pocas mesas que tenía el local así que pudimos sentarnos, que era fundamental. Pedimos unas Moritz y una gran hamburguesa de ternera para él y una gran hamburguesa de pollo para mi. Con patatas y ensalada. ¡Estaban buenísimas!.
Y yo que quería un mojito del bar en el que estuvimos la noche anterior. Ahora solo quería dormir.
Continuará...

No hay comentarios:
Publicar un comentario