sábado, 8 de marzo de 2014


 
 
CANSADOS


Eran las 8:30 de la tarde y si no fuera porque Pepe quería salir a cenar algo  no me hubiera movido de la habitación del hotel. Yo me hubiera comido algo de la fruta que nos quedaba  y me hubiera quedado tumbada viendo la tele hasta que me hubiese quedado dormida. Pero Pepe, a pesar de que no paraba de quejarse del dolor de pies,  de   las  ampollas que le estaban saliendo en  de uno de los dedos pequeños y en la planta,  de que tenía  "un clavo" en las lumbares... quería salir  a devorar, que ya llevaba horas sin echarle nada al estomago.
 
Nos dirigimos, por la izquierda desde la puerta del hotel, hacia el barrio del Born y enseguida vimos el Mercado, que hoy es un centro cultural. Es de hierro y cristal  y en el interior el suelo central es de cristal para que se observen los restos arqueológicos que se encontraron
 
El Paseo del Born era un hervidero de gente, de bares y terrazas. La callejuelas igual. Hay muchas tiendecitas abiertas de ropa, complementos y zapaterías. Todas muy coquetas y   estilosas. En los escaparates de muchas  de ellas  los  carteles de rebajas anuncian hasta un cuarenta por ciento menos y eran los últimos días. ¡Pues ni con el cuarenta por ciento menos, son asequibles para mi!
 
Yo, miraba las tiendas  y Pepe buscaba un bar donde cupiésemos para tomar algo. Nada, todo lleno. dimos tantas vueltas y cruzamos tantas calles que nos metimos en el barrio gótico que también estaba
completo.
 
¡Jolines ! ¿Es que estaba todo el mundo en Barcelona y en la calle?
 
La verdad era que no sabíamos bien por donde y a donde  íbamos, pero andábamos y andábamos y nos parecía que nos alejábamos más y mas.
 
-Pepe ya se lo que vamos a hacer. Dame el móvil que voy a buscar en el Maps, como llegar al hotel y vamos a quedarnos por los bares que están en la misma acera. Por allí no hay tanta gente. También podemos probar en la hamburguesería que vimos anoche.
- Venga, si.
 
Me dijo "venga, si" como diciendo "venga si, y rápido con un chasquido de dedos nos teletransportamos"
 
Efectivamente nos íbamos alejando, pero bueno, en un ratito  estábamos viendo la estación de Francia que estaba frente a nuestro hotel.
La hamburguesería estaba a tope pero salían varias personas con sus pedidos en bolsas  y otras salían desde las pocas mesas que tenía el local así que  pudimos sentarnos, que era fundamental. Pedimos unas Moritz   y una gran hamburguesa de ternera para él y una gran hamburguesa de pollo para mi. Con patatas y ensalada. ¡Estaban buenísimas!.
 
Y yo que quería un mojito del bar en el que estuvimos la noche anterior. Ahora solo quería dormir.
 
 
Continuará...
 
 
 
 
 
 
 





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